Recientemente he compartido mi visión del deporte con los coordinadores de deportes de los colegios Agustinos. Para mí fue un gran honor hacerlo por el cariño que tengo a todo el entorno Agustino. Es de bien nacido ser agradecidos y he de reconocer que la educación recibida en el colegio Nuestra Señora del Buen Consejo de Madrid, junto a la de mis padres, fue muy importante para mi desarrollo como persona.
Durante mi exposición en el colegio Valdeluz, uno de los coordinadores me planteó que mi enfoque acerca de la realidad del deporte de formación era muy negativa y alejada de lo que él percibía.
Esto me ha llevado a escribir este artículo para compartir con vosotros mi opinión y que podáis juzgar si lo que expongo es una visión negativa o real de lo que vivimos cada día. Evidentemente no lo vamos a hacer del deporte en general, sino que lo vamos a centrar en el baloncesto.
Antes de nada, sería oportuno definir lo que entendemos por ambos baloncestos.
Qué es el baloncesto profesional
Podríamos definirlo como aquel que se desarrolla tanto en Federaciones como en clubs profesionales por jugadores en edad adulta.
El objetivo es alcanzar el máximo rendimiento con la finalidad de conseguir resultados. El foco está puesto en ganar partidos para conseguir un éxito deportivo y suele tener un trasfondo económico.
El entrenamiento está orientado a la competición y a la consecución de metas deportivas. El volumen de entrenamiento es alto siendo estos exigentes, intensos, con una carga física alta, con un trabajo táctico de equipo elevado y complejo.
La competición es el día clave donde se hace todo lo posible e imposible por ganar.
En resumen: Después de todo lo dicho anteriormente, creo que queda claro cuál es el verbo ligado al deporte profesional: GANAR.
Como información adicional, comentaros que he estado en este mundo profesional 25 temporadas de mi vida y que por tanto conozco soy conocedor de este.
Qué es el baloncesto de formación
Podríamos definirlo como aquel que se desarrolla tanto en los colegios como en los clubs durante la etapa escolar. Finaliza cuando el adolescente acaba su último curso de bachillerato.
Esto significa que vamos a tratar con personas que están en una de las fases más sensibles del ser humano en la que está en formación y en juego su desarrollo en todos los sentidos, tanto físico como psíquico, teniendo este último mayor repercusión que el primero. Se encuentran, por tanto, en un momento muy “vulnerable” donde dependen enormemente de un entorno adulto responsable y preparado que le importe más la persona que el deportista o el propio deporte.
El objetivo es el desarrollo integral de los deportistas dentro de un entorno de equipo. Ellos son los verdaderos protagonistas del baloncesto y la razón por la que decidimos enseñarles y entrenarles. Estamos hablando de un proceso de muchos años de duración durante los cuales podremos usar el baloncesto en su beneficio.
El entrenamiento está orientado a enseñar a jugar al baloncesto y a la mejora tanto individual como de equipo. El volumen de entrenamiento, el nivel de exigencia, la carga física y el trabajo técnico-táctico debe estar adaptado a la edad y capacidad de los deportistas.
La competición es el día clave donde se comprueba la mejora individual y del equipo a modo de test proporcionando una información al entrenador de lo que se está aprendiendo y no, y las posibles soluciones en el caso de que no se esté consiguiendo.
En resumen: Es evidente que el verbo adecuado sería FORMAR. Según la Rae, formar es preparar intelectual, moral o profesionalmente a una persona o a un grupo de personas. Sus sinónimos son educar, enseñar, instruir, adiestrar, ilustrar.
También me gustaría añadir que he formado parte de este mundo de la formación 23 temporadas de mi vida.
Si hacemos un análisis de lo que vemos cada día en nuestros campos de juego ¿Qué creéis que estamos haciendo? ¿Estamos más cerca del baloncesto profesional o del de formación?
Quiero dejar claro, antes de nada, que todo lo que voy a exponer es una opinión personal y que no me considero en posesión de la verdad. Personalmente, creo que el baloncesto profesional tiene una enorme influencia en el baloncesto de formación hasta tal punto que lo que estamos haciendo es baloncesto profesional con niños y adolescentes.
Todo lo que yo he visto en mi etapa profesional lo estoy viendo en las canchas de nuestros pequeños. No veo la frontera entre un baloncesto y el otro.
Voy a poneros algunos ejemplos
Muchos entrenadores que trabajan en etapas de formación, no todos, se ponen como objetivo hacer buenos equipos con la finalidad de ganar el mayor número de partidos y clasificar lo mejor posible. Algunos de ellos persiguen también su éxito personal que le promocione o satisfaga su ego. Para ellos lo más importante es ganar.
¿Creéis que esto sucede o es sólo una percepción mía? Y si sucede ¿eso está más relacionado con el baloncesto profesional o con el de formación?
Siguiendo con los entrenadores de formación, muchos de ellos, acuden a charlas o clínics donde escuchan a entrenadores profesionales que les hablan de temas realmente buenos, muy bien desarrollados, pero lejos de la realidad con la que ellos trabajan a diario. El problema es que aprenden cosas muy avanzadas, lejos de las básicas que ellos necesitan, y las llevan al baloncesto de los más pequeños con el consiguiente perjuicio.
¿De qué le vale a un entrenador de formación que le hablen de lo que hace un entrenador profesional con su equipo o con sus jugadores?
También sucede que cuando buscan aprender a través de internet acceden a contenidos y métodos que provienen del baloncesto profesional. Esta información no se ajusta al entorno en el que ellos desarrollan su actividad y nuevamente se genera el problema anterior.
En definitiva, existe mucho contenido profesional en nuestras canchas: ejercicios, sistemas de juego, filosofía de juego, metodología, manera de dirigir, etc.
¿Creéis que esto sucede o es sólo una percepción mía? Y si sucede ¿eso está más relacionado con el baloncesto profesional o con el de formación?
Los entrenamientos están orientados en trabajar tácticamente al equipo con el objetivo de ganar el siguiente partido. De hecho, se gasta mucho tiempo en la preparación y scouting del rival. Como consecuencia de todo este trabajo táctico enfocado en el equipo, existe una carencia de trabajo técnico individual que ayude a crecer a los jugadores. Por eso se añaden sesiones de “tecnificación” para paliar ese déficit, pero en la mayoría de los casos “cobrando” a los padres por ello. Un auténtico negocio.
La cantidad de entrenamiento es excesiva creyendo que cuanto más se entrene y más intenso se haga los resultados serán mejores. Esto realizado con organismos en desarrollo lleva a que se estén produciendo más lesiones que nunca. Un caso especialmente grave está sucediendo en el baloncesto femenino donde las lesiones de LCA está haciendo estragos.
¿Creéis que esto sucede o es sólo una percepción mía? Y si sucede ¿eso está más relacionado con el baloncesto profesional o con el de formación?
La competición, en lugar de estar al servicio de la formación, está orientada exclusivamente a ganar. Hay auténtica obsesión por hacerlo. Y no digo que querer ganar sea malo. En absoluto. Por definición, una competición es el acto de rivalidad en el que dos equipos se esfuerzan por conseguir un objetivo común que no se puede compartir: donde la ganancia de uno es la pérdida del otro. En definitiva, “el fin de toda competición es la victoria”. Lo queramos o no jugamos para ganar. Y sí, ganar es importante. Pero no puede ser la única razón por la que entrenamos y jugamos. Más bien debe ser la consecuencia de hacer un conjunto de cosas que ayudan a nuestros pequeños como, por ejemplo: su comportamiento y actitud en la pista, su mejora individual, su mejora en la comprensión del juego y en la toma de decisiones, su cumplimiento de las cosas que se han trabajado durante la semana, etc.
Si estuviera al servicio de la formación habría una progresividad en el número de jugadores en cancha que se adaptara a cada etapa. Comenzar jugando 3×3 y 4×4 antes de jugar al juego real de 5×5 ayudaría enormemente al aprendizaje de los más pequeños. Pero la realidad es que enseñamos con un modelo absolutamente profesional y adulto y este está basado en el 5×5.
¿Creéis que esto sucede o es sólo una percepción mía? Y si sucede ¿eso está más relacionado con el baloncesto profesional o con el de formación?
Los padres quieren resultado inmediato. También ellos quieren ganar cada fin de semana. E incluso algunos se lo exigen a los entrenadores de sus hijos. Si ven que sus colegios y clubs no les ofrece el nivel competitivo que quieren, se llevan a sus hijos a otro sitio.
Algunos de ellos, no todos, durante los partidos demuestran una falta de respeto por el arbitraje que en algunos casos se junta con la del entrenador. Cada decisión es cuestionada si entienden que es negativa para sus intereses y no digamos si una de ellas puede decidir el resultado del partido. Están convencidos de que pitan en contra de su hijo y de su equipo. En algunas gradas el ambiente es excesivamente tenso por decirlo de un manera suave.
¿Creéis que esto sucede o es sólo una percepción mía? Y si sucede ¿eso está más relacionado con el baloncesto profesional o con el de formación?
Como le dije al coordinador de deportes Agustino estos son ejemplos de lo que está sucediendo y para mí, como he afirmado previamente, tiene más que ver con un modelo profesional que de formación. Pero por supuesto que hay cosas positivas que se están haciendo bien y también hay cosas que deberíamos cambiar.
En mi opinión, el verdadero cambio, y el verdadero reto, será “tomar consciencia” de lo que estamos haciendo y conseguir cambiar la mentalidad de todos los que formamos el baloncesto poniendo a los niños y niñas en el centro de todo, situándonos claramente en lo que anteriormente hemos definido como baloncesto de formación.
Si lo logramos, conseguiremos que tengan una enriquecedora experiencia personal y deportiva mientras practican nuestro deporte, que sientan que les ayudamos a crecer como personas y que disfruten de un baloncesto de calidad, adecuadamente exigente y cercano en el trato, que les haga mejor cada día y que les enseñe a competir y ganar como consecuencia de todo aquello que les enseñamos.
Si no lo logramos, o no queremos cambiar nada porque entendemos que todo va bien, sinceramente, da igual lo que hagamos. Nuestros pequeños seguirán jugando y recibiendo lo que buenamente quiera darle cada uno de sus clubs y entrenadores, y continuarán su vida deportiva sin un objetivo ni un plan claro salvo ganar el siguiente partido.


Excelente Contenido 👏🏻
Buenos días Angel.
Muchas gracias por tu comentario.
Un saludo.
Gracias por todo lo que aportas Ángel.
Sinceramente, algo que me lleva a volver a entrenar de nuevo en formación después de tanto tiempo alejado de esa tarea y habiendo sido jugador, es precisamente poder aportar, fomentar e inculcar esta filosofía que es básica pero que se ha perdido. Lo compruebo bastante a menudo todos los fines de semana con la actitud de muchos entrenadores y dinámicas que acaban siendo tóxicas en el baloncesto formativo y que acaban perjudicando más que beneficiando el desarrollo de los jóvenes. Espero no darme de bruces en este regreso ni ser contagiado por este «virus» competitivo descontrolado, y sí influir de de forma positiva.
Creo firmemente que, como bien dices, si se trabaja correctamente o lo mejor posible en la medida de nuestras posibilidades, las cuestiones importantes que son básicas y que se dejan de lado por un «profesionalización» temprana (tanto de entrenadores como de niños/as), se obtendrán mejores resultados, tanto para los equipos como para el jugador/a y su formación, más a medio o largo plazo, pero es que tiene que ser así. Pienso que esa es la línea a recuperar y los que estén en esa línea serán los que verdaderamente tengan también opciones de dedicarse al baloncesto profesional en un futuro si así lo desean, aunque esto implica otras variables que muchas veces serán incontrolables o que no dependan directamente de nosotros. Y si no es así, al menos habrán tenido una experiencia positiva con el baloncesto que les servirá para toda la vida. Esto no está reñido con el esfuerzo, el compromiso, la disciplina y otros valores fundamentales que quedan a menudo solapados o distorsionados por el ímpetu y ansia de ganar a toda costa y de conseguir resultados rápidos, muchas veces, por alimentar un ego de un entrenador que tiene una versión distorsionada, desde mi punto de vista, del baloncesto formativo. (Me resulta difícil ver partidos de Minibasket donde la mayoría de equipos hacen defensa presionante a toda pista durante todo el partido, con traps incluidos).
Estamos en un punto en el que el baloncesto formativo ha pasado de ser para los niños/as a ser «a costa» de los niños/as. Y eso ya no es formar. Es deformar.
Discúlpame la extensión de mi comentario, pero me alegra encontrar a personas que piensan igual en este aspecto, no solo de palabra, sino por plena convicción.
Una vez más, gracias por todo lo que aportas al baloncesto formativo.
Buenos días Roberto.
Agradezco enormemente tu comentario. Me anima más si cabe a seguir trabajando en lo que considero debería ser la «verdadera formación» y dejar de hacer baloncesto profesional con niños.
Un abrazo.